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Los Ciclos Combinados

28 Ago

Un ciclo combinado es una instalación de producción de energía eléctrica que combina dos ciclos termodinámicos.

El primero de ellos se basa en la combustión del gas, generalmente gas natural, en una turbina de gas (ciclo Brayton), que arrastra en su giro un alternador que produce energía eléctrica.

El gas natural está compuesto en más de un 90 % por metano, y se encuentra normalmente disuelto en el petróleo o asociado a él en pozos petrolíferos. En ocasiones se encuentra también en bolsas bajo tierra, o en yacimientos de carbón.

En el segundo ciclo se aprovechan los gases de salida en un intercambiador de calor para evaporar agua y mover una turbina de vapor (ciclo Rankine), que arrastra en su giro otro alternador de modo análogo a la primera turbina.

Es habitual que la turbina de gas y la turbina de vapor compartan el mismo eje, de manera que accionan el mismo alternador.

Ciclo combinado de As Pontes

Ciclo combinado de As Pontes

En definitiva, el resultado es un mayor aprovechamiento del poder calorífico del gas respecto del ciclo de combustión simple, ya que se da una utilidad a la energía de los gases de escape.

Aportan una serie de ventajas sobre otro tipo de centrales eléctricas:

El coste de inversión por cada megavatio instalado es bajo.

Derivado de lo anterior, el período de retorno de la inversión es mucho más corto.

Su plazo de construcción es corto, y ocupan una pequeña superficie.

Pueden funcionar con cargas parciales y seguir aportando un elevado rendimiento, además su tiempo de arranque es reducido.

Sus emisiones son principalmente de CO2, pero en menor cantidad que una térmica convencional, y el empleo de gas natural evita la generación de residuos sólidos como las cenizas.

Como inconvenientes podemos citar los siguientes:

El gas natural es suministrado principalmente por países políticamente inestables, lo que puede acarrear problemas de suministro e inestabilidad en los precios.

A pesar de su mayor eficiencia, las emisiones de CO2 resultantes de la combustión siguen siendo elevadas, contribuyendo al efecto invernadero.

No obstante, el gas metano produce unas 23 veces el efecto invernadero del CO2, por lo que la alternativa de su no empleo, dejando que escape a la atmósfera, no es necesariamente beneficiosa para el medio ambiente.

Si los países desarrollados convirtieran el gas en la fuente prioritaria para la producción de energía eléctrica, las reservas se agotarían rápidamente.

Es una tecnología excelente, siempre que vaya de la mano de una buena planificación.

El boom que han tenido en España, y sus escasas horas de funcionamiento actuales responden a lo siguiente:

El plan del gobierno para el período 2005 – 2011 contemplaba la instalación de 30.000 MW, ampliados después a 35.000 MW, a cubrir con instalaciones de ciclo combinado.

Contaban con un incentivo a la inversión de 26.000 € por MW/año instalado y otro a la disponibilidad de 4.697 €/MW año.

Al amparo de las anteriores ayudas se instalaron un total de 25.200 MW, cuya utilización media en 2012 ha sido del 18 %.

¿Por qué?

Por un lado, la crisis. Con la caída de la actividad económica vino la caída de la demanda de energía eléctrica. No haberla visto venir, o peor, negarla, continúa dándonos lecciones, y esta es una más.

Por otro lado, lo de siempre. Es imposible una planificación energética peor.

Paralelamente al desarrollo de los ciclos combinados se invertía con fuerza en energías renovables, la gran bandera de España, cuya producción eléctrica se inyectaba en la red de forma prioritaria, primada, desplazando a las instalaciones de gas, y limitando sus horas de funcionamiento.

Las renovables por sí mismas no pueden asegurar la producción eléctrica en todo momento. No siempre sopla el viento, no siempre hace sol.

Los ciclos combinados, con un tiempo de arranque mínimo y regulación sencilla, son perfectos para los momentos de baja producción renovable. Suena bien, pero resulta tremendamente caro.

Es decir, con el sistema actual se pagan por un lado una gran cantidad de subvenciones a las energías renovables, 8.500 millones de euros sólo en 2012, y por otro nos desangramos con pagos por capacidad a instalaciones de gas nuevas que se encuentran paradas.

Sí, las energías renovables han supuesto años de sangría económica, le pese a quien le pese.

Y cuando empezaban a ser competentes, desaparece el apoyo del Estado. Qué curioso.

De todos modos, no se puede arreglar todo con primas, incentivos o subvenciones, porque la deficiente planificación de unos, gobierno, y los dientes largos de otros, eléctricas, nos llevan a situaciones de este tipo.

Ahora bien:

¿Ninguna de las eléctricas sabía que se superaban las necesidades?

¿O lo sabían perfectamente y les dio igual?

Burbuja de potencia instalada.

¿Qué más da?, paga el Estado.

Es decir, nosotros.

 

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